CASO FICTÍCIO:
Luis y
Antonio son compañeros del mismo grupo en el nivel secundaria, sin embargo se
inicia una rencilla por celos de Antonio hacia Luis por las diferencias
intelectuales, Luis destaca en matemáticas, es atractivo y simpático, además de
ser muy destacado en los deportes y Antonio no logra tener los resultados en
calificaciones que tiene Luis.
Se inicia
el ataque y conspiraciones a espaldas de Luis, mientras Antonio continuaba
haciéndose pasar por amigo. Poco a poco Antonio fue haciéndose de aleados, los
que también envidiaban la popularidad de Luis.
Comienzan
las humillaciones, ataques físicos, burlas, aislándolo de los juegos; en los
entrenamientos deportivos lo ignoraban, tampoco lo invitaban a las fiestas; lo
marginaron.
Luis
perdió la sonrisa, presentó encopresis, lesión en los testículos por golpes; es
así como se enteran los padres del Luis, aunque Luis lo negó en un principio,
después tuvo que admitirlo, de esta manera narra cada una de las acciones
recibidas por parte de los atacantes y menciona de identidad de los agresores.
Confiesa que su silencio se debió al deseo de no preocupar a sus padres.
De esta
manera los padres de Luis enteran al Director de la escuela y se inicia un plan
de intervención para ayudar a la víctima.
PROPUESTA DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO:
Nuestra
propuesta es la siguiente:
Se
intervendrá de forma tripartita, los padres, el adolescente y la escuela, para
generar un tratamiento integral.
LOS PADRES:
Se
hablará con los padres para conocer todos los antecedentes del adolescente, en
cuanto a su desarrollo, en el aspecto familiar y social, los cambios de
comportamiento que han observado en la conducta de su hijo, su antes y después
como consecuencia del bullying y se pedirá su anuencia y criterio de la manera
en que desean plantear el caso a la institución educativa.
Así
también identificaremos las ideas, creencias, valores y actitudes con las que
han criado a su hijo, parte fundamental para conocer qué tan estimulada está su
autoestima, su comunicación y la manera de afrontar los problemas cotidianos.
La participación de los padres debe ser de colaboración, para contener
la angustia de su hijo sin culpabilizarlo, ni a sí mismos. La
intervención familiar ha de incluir el trabajo tanto con la familia del menor- víctima,
como con los padres del niño-victimario y también con los padres de los otros menores-violentos,
transmitiendo el mensaje claro que no se va a permitir más violencia y
explicitar las medidas correctoras si ello continúa.
EL ADOLESCENTE:
Hablar
con el adolescente que ha sufrido las agresiones de sus compañeros, empleando
un tono adecuado, evitando volver a victimizarle o generar cualquier resquicio
de ira o de rabia, ya que estamos frente a un adolescente que ha perdido la
confianza en sus semejantes.
Es muy
importante no culparlo de su situación y para ello es básico responsabilizar de
la violencia a aquéllos que la ejercen y no a la víctima. El adolescente tiene
que sentir que lo comprendemos, para que pueda generarse el rapport.
Se
generará la ayuda para la aceptación de su situación. Hay que evitar la negación
y la huida así como trabajar la auto-inculpación, mediante algunas pláticas, en
donde podamos transmitir el mensaje que el menor no tiene la culpa por ser agredido
ni por necesitar protección, ya que se adoptarán medidas de protección extremas
(como no dejarle solo en el patio, en el baño...), ya que el victimario puede
tratar de buscar venganza.
Se utilizarán
medidas que aumenten la autoestima del menor-víctima, por ejemplo fomentando la
valoración de su imagen pública, dándole alguna responsabilidad especial en
clase.
LA ESCUELA:
La intervención escolar dentro del aula, recaerá
sobre el tutor, la intervención con el resto de los profesores, recaerá más en
la dirección, ya que habrá que contar con la colaboración de todos los
profesores para implementar medidas disuasorias de otros posibles acosos, a
través de acciones coordinadas desde el profesorado, los padres y la dirección
escolar.
El trabajo en el aula debe incluir el trabajo con
los niños protagonistas y con el grupo clase, ya que todo el grupo clase ha
presenciado, en varias ocasiones, las agresiones al menor-víctima y se ha
sentido atemorizado frente al grupo acosador, lo que provoca en los otros
niños, que lo presencian y que se ven
forzados a no poder actuar a causa del
miedo, una grave sensación de indefensión. A estos niños se les puede
considerar víctimas secundarias del bullying dado que están sometidos a formas
de relacionarse insanas.
Hay que romper la unidad del grupo acosador y ello
se puede conseguir a través de la inclusión de sus miembros en otros grupos.
Impulsar la capacidad de reaccionar frente al grupo
acosador, ya sea a través de la denuncia pública o privada con algún profesor o
con sus padres. Se debe impulsar de manera especial los valores de la
convivencia quizá, con la elaboración de trabajos sobre ética, violencia,
coraje, etc.
CONCLUSIONES:
Por lo tanto, creemos que el problema del bullying
no puede ser abordado sólo desde una perspectiva, hace falta un trabajo integral,
que proponga resultados y señale el camino a seguir, se deben diseñar programas
de prevención e intervención con una evaluación permanente de sus resultados,
para que el problema de la agresión en las escuelas, el cual es un reflejo de
la sociedad actual, le devuelva a los niños y adolescentes las posibilidades de
vivir mejor, con amor, con tolerancia y con respeto.
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