jueves, 16 de abril de 2015

EL CASO FICTÍCIO Y NUESTRA PROPUESTA DE TRATAMIENTO.



CASO FICTÍCIO:

Luis y Antonio son compañeros del mismo grupo en el nivel secundaria, sin embargo se inicia una rencilla por celos de Antonio hacia Luis por las diferencias intelectuales, Luis destaca en matemáticas, es atractivo y simpático, además de ser muy destacado en los deportes y Antonio no logra tener los resultados en calificaciones que tiene Luis.
Se inicia el ataque y conspiraciones a espaldas de Luis, mientras Antonio continuaba haciéndose pasar por amigo. Poco a poco Antonio fue haciéndose de aleados, los que también envidiaban la popularidad de Luis.
Comienzan las humillaciones, ataques físicos, burlas, aislándolo de los juegos; en los entrenamientos deportivos lo ignoraban, tampoco lo invitaban a las fiestas; lo marginaron.
Luis perdió la sonrisa, presentó encopresis, lesión en los testículos por golpes; es así como se enteran los padres del Luis, aunque Luis lo negó en un principio, después tuvo que admitirlo, de esta manera narra cada una de las acciones recibidas por parte de los atacantes y menciona de identidad de los agresores. Confiesa que su silencio se debió al deseo de no preocupar a sus padres.
De esta manera los padres de Luis enteran al Director de la escuela y se inicia un plan de intervención para ayudar a la víctima.

PROPUESTA DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO:
Nuestra propuesta es la siguiente:
Se intervendrá de forma tripartita, los padres, el adolescente y la escuela, para generar un tratamiento integral.

LOS PADRES:
Se hablará con los padres para conocer todos los antecedentes del adolescente, en cuanto a su desarrollo, en el aspecto familiar y social, los cambios de comportamiento que han observado en la conducta de su hijo, su antes y después como consecuencia del bullying y se pedirá su anuencia y criterio de la manera en que desean plantear el caso a la institución educativa.
Así también identificaremos las ideas, creencias, valores y actitudes con las que han criado a su hijo, parte fundamental para conocer qué tan estimulada está su autoestima, su comunicación y la manera de afrontar los problemas cotidianos.
La participación de los padres debe ser de colaboración, para contener la angustia de su hijo sin culpabilizarlo, ni a sí mismos. La intervención familiar ha de incluir el trabajo tanto con la familia del menor- víctima, como con los padres del niño-victimario y también con los padres de los otros menores-violentos, transmitiendo el mensaje claro que no se va a permitir más violencia y explicitar las medidas correctoras si ello continúa.
EL ADOLESCENTE:
Hablar con el adolescente que ha sufrido las agresiones de sus compañeros, empleando un tono adecuado, evitando volver a victimizarle o generar cualquier resquicio de ira o de rabia, ya que estamos frente a un adolescente que ha perdido la confianza en sus semejantes.
Es muy importante no culparlo de su situación y para ello es básico responsabilizar de la violencia a aquéllos que la ejercen y no a la víctima. El adolescente tiene que sentir que lo comprendemos, para que pueda generarse el rapport.
Se generará la ayuda para la aceptación de su situación. Hay que evitar la negación y la huida así como trabajar la auto-inculpación, mediante algunas pláticas, en donde podamos transmitir el mensaje que el menor no tiene la culpa por ser agredido ni por necesitar protección, ya que se adoptarán medidas de protección extremas (como no dejarle solo en el patio, en el baño...), ya que el victimario puede tratar de buscar venganza.
Se utilizarán medidas que aumenten la autoestima del menor-víctima, por ejemplo fomentando la valoración de su imagen pública, dándole alguna responsabilidad especial en clase.

LA ESCUELA:
La intervención escolar dentro del aula, recaerá sobre el tutor, la intervención con el resto de los profesores, recaerá más en la dirección, ya que habrá que contar con la colaboración de todos los profesores para implementar medidas disuasorias de otros posibles acosos, a través de acciones coordinadas desde el profesorado, los padres y la dirección escolar.
El trabajo en el aula debe incluir el trabajo con los niños protagonistas y con el grupo clase, ya que todo el grupo clase ha presenciado, en varias ocasiones, las agresiones al menor-víctima y se ha sentido atemorizado frente al grupo acosador, lo que provoca en los otros niños,  que lo presencian y que se ven forzados  a no poder actuar a causa del miedo, una grave sensación de indefensión. A estos niños se les puede considerar víctimas secundarias del bullying dado que están sometidos a formas de relacionarse insanas.
Hay que romper la unidad del grupo acosador y ello se puede conseguir a través de la inclusión de sus miembros en otros grupos.
Impulsar la capacidad de reaccionar frente al grupo acosador, ya sea a través de la denuncia pública o privada con algún profesor o con sus padres. Se debe impulsar de manera especial los valores de la convivencia quizá, con la elaboración de trabajos sobre ética, violencia, coraje, etc.

CONCLUSIONES:
Por lo tanto, creemos que el problema del bullying no puede ser abordado sólo desde una perspectiva, hace falta un trabajo integral, que proponga resultados y señale el camino a seguir, se deben diseñar programas de prevención e intervención con una evaluación permanente de sus resultados, para que el problema de la agresión en las escuelas, el cual es un reflejo de la sociedad actual, le devuelva a los niños y adolescentes las posibilidades de vivir mejor, con amor, con tolerancia y con respeto.

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